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La sociedad se acostumbró a vivir con enojo y a sentirse infeliz. Es tal la costumbre que ver a una persona feliz y sin problemas, ya no es tan común.

Aunque la vida es una mezcla de momentos de felicidad y tristeza, es importante reconocer que el elegir ver las cosas desde una perspectiva positiva, mejora la calidad de vida y sobre todo ayuda a que la actitud frente a la vida sea mejor. Aprender a enfocar la mente a ver las cosas buenas y a vivir en un estado de felicidad facilita las relaciones personales, crea oportunidades para ser exitoso, pero sobre todo mejora la salud física, mental y emocional. Permite que el sistema inmunológico se fortalezca y que cualquier tratamiento medico sea recibido con efectividad. Ser feliz es estar sano y por supuesto, es tener una mejor calidad vida. Sentir felicidad, no es solo una buena receta para vivir, es la única forma de poder disfrutar la vida. Vivir con alegría ayuda tener el entusiasmo necesario para trabajar con pasión y con gusto. La felicidad ofrece la energía que nutre a la actitud óptima para tener relaciones personales sanas y desde luego, facilita la posibilidad para triunfar, permite aceptar la realidad y facilita el poder luchar contra la adversidad con fortaleza y sabiduría.

La verdadera felicidad no depende de las cosas externas que brillan sin tener un valor profundo, tales como fama, dinero, viajes, títulos y reconocimientos, ni siquiera se refiere a las cosas materiales y efímeras que cambian según la época o las circunstancias. La felicidad surge del trabajo personal y de satisfacción de poder conquistar las debilidades y superar los problemas, cuando uno puede valorar lo que ha llegado a ser. Estar feliz no quiere decir que uno vive en la feria o el circo, tampoco quiere decir que se tiene una vida perfecta libre de problemas y de preocupaciones. De hecho, uno no puede estar feliz siempre. Sin embargo, a pesar de todo, uno tiene la responsabilidad de buscar el punto de equilibrio donde reconozca que su actitud puede influenciar a su estado de ánimo y beneficiar su perspectiva, aún en situaciones dolorosas o complicadas. Cada uno tiene la habilidad de encontrar su propia felicidad, porque la fuente de la felicidad personal emana del interior de cada persona y nunca se termina, siempre y cuando uno viva con el deseo y el compromiso de querer ser feliz.